Per l'Emili Teixidor

Esta mañana al oír en la radio la noticia de su muerte he tenido un sentimiento de orfandad que me ha ocurrido pocas veces en mi vida. Ha sido para muchos de nosotros alguien muy importante en nuestras vidas.
Fue él el que nos llevó a toda una clase por primera vez en "serio" al teatro (hasta entonces, yo al menos, solo había ido al teatro Romea a ver El Pastorets en Navidad) a ver Mari d'Ous de Els  Juglars en el Capsa, al cine (que contaba como clase de literatura) a ver Ocho y medio de Fellini; el que nos decía “hoy traigo  un poema de un poeta de Orihuela que era pastor” (M. Hernandez) o nos traía a clase sin previo aviso a la María Aurelia Campany. Siempre te preguntaba que estabas leyendo y si contestabas "Nada" te replicaba: "nada, o Nada de Carmen Laforet". (Nunca un comentario tan provocador consigue que finalmente leas una de  las grandes  novelas de la post-guerra civil.)
Era un gran conversador y tertuliano, y cuando palabreaba era incisivo, socarrón y sobre todo un extraordinario agitador que pretendía provocar al auditorio para que leyera, acudiera al cine, al teatro, al Liceo. Como he leído en algunos de los numerosos artículos que se han publicado sobre él tenía una risa contagiosa y que a menudo potenciaba, y envolvía su discurso de humor e ironía tan revolucionaria como sus ideas.
En los últimos tiempos coincidí con él en algún programa de radio y en un consejo asesor del Betania /Patmos  para editar una colección de libros, para celebrar el 50 aniversario del colegio, que propusimos llevara su nombre. Él se negó a aceptarlo, pero creo que con su desaparición la colección no puede dejar de llevar su nombre.
Cuando murió mi hermana Adriana en una playa recóndita de México, me envió un precioso y conmovedor mail y al final, conociendo mi amor por la palabra, me decía:" Escriu". Tendré que hacer caso, de nuevo, al profe de literatura de la infancia y la adolescencia.
Mi agradecimiento por su labor pedagógica, que él ejercía con naturalidad como si formara  parte de su ADN, es inmensa.. Creo que mi vida, y la de muchos alumnos suyos hubiera sido muy distinta sin él. En los años 60 no abundaban los buenos directores y profesores en las rancias y rígidas escuelas del franquismo. Fue un privilegio impregnarse de su humanismo, bonhomía y sabiduría. Gracias, gracias, gracias Emili eternamente.


 Quique Sentís


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